miércoles 9 de diciembre de 2009

El fuego irá apagándose con la lluvia
la ronda ya no es tal
los que le daban forma entraron a la casa
están tomando alcohol barato, ríen muy fuerte
los vasos deforman el centro de sus caras
todo está hecho de fiebre
una fiebre lenta
amarilla y lenta.

Salgo a mojarme
la guitarra quedó afuera
una gota en Sol salpica un Do
la lluvia se pasea como dedos.

sábado 5 de diciembre de 2009

Hay un estado meditativo del que las palabras me arrancan y al que las palabras me devuelven. Hace mucho que no escribo desde ahí.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Quino


domingo 29 de noviembre de 2009

que te quito
que te doy
que me vengo
que me voy

olas
en un caracol
Leí Música para camaleones, el cuento no el libro, me gustó mucho y me dieron ganas de escribir: oscuridad para cucarachas, sangüichería para palomas o poesía para principiantes.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Lo que no me cierra de la tecnología, de todo esto veloz y raro de la internechi, es que le hayan dado vida personas como yo (aunque con más aumento en los anteojos, je).

jueves 12 de noviembre de 2009

A menudo sucede dentro de mi pecho, o bien entre mi pecho y mi ombligo, algo que se me ocurre describir como lo contrario al hipo. Es una sensación de nostalgia que dura más o menos lo mismo que un déjà vu. Ese espacio del cuerpo antes descrito se estira, se alarga para dar lugar a un recuerdo físico de tibieza, de mimo, de abrigo. Puede pasarme a catorce mil kilómetros de casa, a seiscientos, en casa, en la calle, en el baño, en el colectivo, con gente, sin…

martes 10 de noviembre de 2009

El otro día en la barra del laburo un cliente peló una palm, me asomé mirona -imaginando la pantallita de un ejecutivo que nunca deja de trabajar- y me encontré con un tetris. Me acordé que la primera vez que lo jugué fue en la computadora de mi primo segundo por parte de mamá que vivía a unas cuadras de la casa de papá, el Eduardo (en La Pampa casi todos los nombres se dicen con artículo). La Lucía estaba sentada en una sillita giratoria frente a una compu que tenía el tetris y un juego de una barrita que se movía horizontal y hacía desaparecer con un golpe de pelotita de tenis, ladrillitos de construcción. El tiempo era contado, éramos varios primos y tenía solo medio turno porque era la menor. Fue la primer computadora con la que tuve contacto, entonces mi primo era Bill Gates, la casa de mi tío una mansión con paredes de machimbre, y mi bisabuela un potus. La Rosa (mi bisabuela) todavía vive y va de potus a helecho y de helecho a potus. La madre de las generaciones, que son cuatro, proviene del reino vegetal; no es ni buena ni mala, ni fea ni linda, es una planta de dudosa raíz. Me seduce su historia imaginada sí, en la familia fuimos tejiendo cosas sobre su pasado... Dedujimos que nació muy temprano para ser pobre y madre soltera en un pueblo donde los habitantes se saben los nombres de todos. Nunca la vi reir, nunca la vi llorar, nunca le oí decir cosas lindas. Un día con mi prima le sacamos del vaso con agua de la mesita de luz la dentadura postiza y le pusimos un chicle jirafa de tutti frutti masticado, je. La ultima vez que fui a mi ciudad natal me tocó hacerle unos trámites en el pami. Dormita sentada y despierta con una pregunta super lúcida sobre mi carrera en Buenos Aires, se come con cuchara la pasta cruda que sobra de las tortas que hacemos con mi abuela y vuelve a preguntar sobre otro bisnieto. Mamá dice que soy una guacha cuando digo que es un potus porque la quiere... La debe haber visto llorar, reir u oído decir cosas lindas. La madre de las generaciones del reino vegetal está siempre acá y en otra parte, y nadie nunca entiende su acá ni su otra parte. Cuando mira fijo me hace acordar a cuando yo esperaba que cayera en el agujerito la ultima ficha de la máquina de la cascada de monedas.

Bio

Puedo prescindir de la mayonesa, una casa sin ladrillo a la vista me genera dudas hogareñas. Debo haber leído unos mil libros en los últimos cinco años (facultad incluida), de los cuales recuerdo -con esmero- entre cuarenta y cincuenta. Paso la mitad de mi vida intentando descifrar si es mejor relacionarse con el cuerpo (ojos, manos, gestos) o con la cabeza, y concluyendo que es una de las cosas más estúpidas en las que ocupo tiempo.
Nunca el departamento donde vivo está tan limpio como cuando estoy por rendir un examen, finalmente estudiar me resulta placentero (nunca entendí el porqué de los rodeos previos).
Mi letra manuscrita y mi columna podrían ganarle un juicio millonario a Windows sin muchas complicaciones. Mis expectativas son parte del argumento bigbanero de mis obsesiones. Llevo en la mirada un ejército de hunos, y la mejor definición que dieron de mí fue que tengo una facilidad deslumbrante para hablar filosóficamente de cómo comer un sánguche de milanesa.

domingo 8 de noviembre de 2009

Eran mis ojos, o lo que sale de ellos
y este corazón que a veces no respeta
ser nombrado así
con una palabra tan baldía
como paz, guerra o blá.
Una mano arrancaba hacia el aire
a un pez glotón que hablaba en oes
desde una pecera redonda con agua cristalina
y lo volvía a echar,
yo decía: titila
y no hablaba del cursor.

domingo 1 de noviembre de 2009

De lo que es un hecho y de lo que no, de las personas, de las mil formas de discurrir el tiempo encima de algo, de los lugares... se escribe casi siempre con una pretensión exagerada: acoplar la palabra a algo que no es precisamente palabra.
Mi elección narrativa comienza o acaba sabiendo que irá a estrellarse pronto o hubo de hacerlo con una negativa rotunda por parte de aquello que intento cifrar en código lingüístico. Solo cuando lo escrito no reniega de las formas que mis dedos le dieron, ocurre ese quilombo hermoso que se parece a la literatura.

miércoles 21 de octubre de 2009

El agua hirvió, tiré a la olla fideos enrulados
encestándolos como un basquetbolista
la panza ruge tanto o más que la platea

el tiempo dedicado a las palabras
cocinó los fideos allá atrás
y un poema acá adelante

el silencio absoluto no se quiebra
hasta que el viento acerca el bullir de bocinas y ambulancias
desde la calle

mientras dura el mutismo
un tenedor brillante atraviesa mis labios secos
y apoya sobre mi lengua
un puñado de fideos con puré de tomates enlatado

la cabeza se queda sola
ajena a todos los detalles de la escena
abrumada por una perorata existencial
que nunca tendrá afuera

lunes 19 de octubre de 2009

Hay un personaje en la película A los que aman, de Isabel Coixet, que pasa su vida memorizando y recitando los versos de La Divina Comedia, luego de vivir una situación trágica de joven.
En Utopía de un hombre que está cansado, Borges le hace decir a un personaje del futuro: ¨Nadie puede leer dos mil libros. En los cuatro siglos que vivo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer sino releer. La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios.¨ Él le responde que en su ayer: ¨Las imágenes y la letra impresa eran más reales que las cosas. Sólo lo publicado era verdadero. Esse est percipi (ser es ser retratado) era el principio, el medio y el fin de nuestro singular concepto del mundo.¨
Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, transcurre en las décadas setenta, ochenta; sus personajes principales van detrás de una poeta mexicana nacida en los años veinte. El autor retrata el México de los setenta, pero intervienen Nicaragua, Chile, Argentina, Cuba. Me digo que un presente así para la literatura debe ser magnífico, aún más para la poesía. Los personajes revuelven en el pasado, pescan poetas desconocidos, recitan clásicos europeos y americanos. Entiendo que su sopa tiene el caldo de las dos guerras, de las revoluciones, de una parte del siglo por demás suntuosa.
Intento trasladar ese gesto temporal y advertir el espacio que acompaña a ambos. Supongo que la nuestra, la del nuevo siglo, es una generación que abreva en los sesenta, setenta de una forma quizá desmesurada. Me pregunto si Ulises Lima y Arturo Belano no comparten esa desmesura entre elegíaca y romántica. Y si esa desmesura que los hace flotar, por momentos desaparecer del espacio-tiempo en que viven, no se emparenta a la nuestra.
Mi cabeza se cae de la línea del tiempo, se cae o retrocede, cuando está a punto de llegar a pensar en Honduras, Venezuela, Bolivia, Cuba. La Europa de los setenta no tiene nada que ver con la del siglo veintiuno, y mucho menos vista desde un afuera mucho más violento que el de los setenta. Imagen complementada por la impresión de adentro que Europa se dio en los setenta y la que busca darse ahora.
Encuentro una diferencia tonta pero interesante a la vez, nuestra generación se mira en dos espejos: en el de los setenta, y en el que se miraban ellos.

viernes 9 de octubre de 2009

¨Sentí como la ultima moneda entraba en la panza del teléfono público, un ruido de hojas, de viento levantando hojas secas, un ruido como de llamas subiendo por el tronco de un árbol, un ruido como de cables enredándose y desenredándose y después deshaciéndose en la nada. Miseria poética.¨
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Los detectives salvajes, Roberto Bolaño

domingo 4 de octubre de 2009

El gesto es más o menos éste: escribo con voracidad, escupo palabras, una tras otra, unas veces tienen sentido, otras no; mis manos se enfurecen por llevar el ritmo de mi testa, mi cuerpo aguanta siendo apenas una intersección, un puente de maderitas sueltas atadas con soga vieja. Acabo sin saber cómo llegué a escribir eso que leo, y recuerdo que empecé sin saber cómo iría a hacerlo. El punto es que en medio de esos momentos estuve hundida en los manjares más sensibles de mi imperfección. Luego mi mano derecha se detiene, tranquila agarra el mouse, selecciona lo escrito, el dedo índice se sale de la mano, aprieta la tecla de borrar; y me devuelve a un estado de incómoda intermitencia.

domingo 27 de septiembre de 2009

á pas de loup

Pienso que me gustaría oír una conversación entre Jean Luc Godard y Roberto Bolaño, que estoy leyendo más de lo que escribo y que leer me deja silenciosa. No estoy segura de que en realidad importe, pero me pregunto hace cuánto sé que mi pulso camina en puntillas.

viernes 25 de septiembre de 2009